viernes, 12 de agosto de 2011

"Pol�gonos con papel", de V.Larios

Interesante actividad, tanto de enseñanza como de terapia ocupacional, como de labor artística y aprendizaje de geometría
"Pol�gonos con papel", de V.Larios

viernes, 17 de diciembre de 2010

Carta a un zapatero que compuso mal unos zapatos

Esta carta (¿o un cuento?) de Juan José Arreola, a pesar de haberse escrito hace medio siglo, adquiere plena vigencia en la actualidad. En las clases de administración podría estar presente al leerse las recomendaciones que autores como Deming, Ishikawa o Jurán enlistan como necesarias para lograr productos y servicios de calidad. Las normas ISO 9000 se quedan cortas con sus especificaciones  al no incluir, como Arreola, el amor y respeto a la profesión que uno, con mucho esfuerzo, va conformando en la juventud.
Otra expresión artística que nos muestra que lo importante en la vida es hacer feliz a la gente gracias a los resultados de nuestros esfuerzos y de lo que sabemos hacer es la película Vivir (Kurosawa, 1952).

Por lo pronto, les invito a leer esta:  carta a un zapatero que compuso mal unos zapatos (Arreola, 1949)


Estimable señor:

Como he pagado a usted tranquilamente el dinero que me cobró por reparar mis zapatos, le va a extrañar sin duda la carta que me veo precisado a dirigirle.

En un principio no me di cuenta del desastre ocurrido. Recibí mis zapatos muy contento, augurándoles una larga vida, satisfecho por la economía que acababa de realizar: por unos cuantos pesos, un nuevo par de calzado. (Éstas fueron precisamente sus palabras y puedo repetirlas.)

Pero mi entusiasmo se acabó muy pronto. Llegado a casa examiné detenidamente mis zapatos. Los encontré un poco deformes, un tanto duros y resecos. No quise conceder mayor importancia a esta metamorfosis. Soy razonable. Unos zapatos remontados tienen algo de extraño, ofrecen una nueva fisonomía, casi siempre deprimente.

Aquí es preciso recordar que mis zapatos no se hallaban completamente arruinados. Usted mismo les dedicó frases elogiosas por la calidad de sus materiales y por su perfecta hechura. Hasta puso muy alto su marca de fábrica. Me prometió, en suma, un calzado flamante.

Pues bien: no pude esperar hasta el día siguiente y me descalcé para comprobar sus promesas. Y aquí estoy, con los pies doloridos, dirigiendo a usted una carta, en lugar de transferirle las palabras violentas que suscitaron mis esfuerzos infructuosos.

Mis pies no pudieron entrar en los zapatos. Como los de todas las personas, mis pies están hechos de una materia blanda y sensible. Me encontré ante unos zapatos de hierro. No sé cómo ni con qué artes se las arregló usted para dejar mis zapatos inservibles. Allí están, en un rincón, guiñándome burlonamente con sus puntas torcidas.

Cuando todos mis esfuerzos fallaron, me puse a considerar cuidadosamente el trabajo que usted había realizado. Debo advertir a usted que carezco de toda instrucción en materia de calzado. Lo único que sé es que hay zapatos que me han hecho sufrir, y otros, en cambio, que recuerdo con ternura: así de suaves y flexibles eran.

Los que le di a componer eran unos zapatos admirables que me habían servido fielmente durante muchos meses. Mis pies se hallaban en ellos como pez en el agua. Más que zapatos, parecían ser parte de mi propio cuerpo, una especie de envoltura protectora que daba a mi paso firmeza y seguridad. Su piel era en realidad una piel mía, saludable y resistente. Sólo que daban ya muestras de fatiga. Las suelas sobre todo: unos amplios y profundos adelgazamientos me hicieron ver que los zapatos se iban haciendo extraños a mi persona, que se acababan. Cuando se los llevé a usted, iban ya a dejar ver los calcetines.

También habría que decir algo acerca de los tacones: piso defectuosamente, y los tacones mostraban huellas demasiado claras de este antiguo vicio que no he podido corregir.

Quise, con espíritu ambicioso, prolongar la vida de mis zapatos. Esta ambición no me parece censurable: al contrario, es señal de modestia y entraña una cierta humildad. En vez de tirar mis zapatos, estuve dispuesto a usarlos durante una segunda época, menos brillante y lujosa que la primera. Además, esta costumbre que tenemos las personas modestas de renovar el calzado es, si no me equivoco, el modus vivendi de las personas como usted.

Debo decir que del examen que practiqué a su trabajo de reparación he sacado muy feas conclusiones. Por ejemplo, la de que usted no ama su oficio. Si usted, dejando aparte todo resentimiento, viene a mi casa y se pone a contemplar mis zapatos, ha de darme toda la razón. Mire usted qué costuras: ni un ciego podía haberlas hecho tan mal. La piel está cortada con inexplicable descuido: los bordes de las suelas son irregulares y ofrecen peligrosas aristas. Con toda seguridad, usted carece de hormas en su taller, pues mis zapatos ofrecen un aspecto indefinible. Recuerde usted, gastados y todo, conservaban ciertas líneas estéticas. Y ahora...

Pero introduzca usted su mano dentro de ellos. Palpará usted una caverna siniestra. El pie tendrá que transformarse en reptil para entrar. Y de pronto un tope; algo así como un quicio de cemento poco antes de llegar a la punta. ¿Es posible? Mis pies, señor zapatero, tienen forma de pies, son como los suyos, si es que acaso usted tiene extremidades humanas.

Pero basta ya. Le decía que usted no le tiene amor a su oficio y es cierto. Es también muy triste para usted y peligroso para sus clientes, que por cierto no tienen dinero para derrochar.

A propósito: no hablo movido por el interés. Soy pobre pero no soy mezquino. Esta carta no intenta abonarse la cantidad que yo le pagué por su obra de destrucción. Nada de eso. Le escribo sencillamente para exhortarle a amar su propio trabajo. Le cuento la tragedia de mis zapatos para infundirle respeto por ese oficio que la vida ha puesto en sus manos; por ese oficio que usted aprendió con alegría en un día de juventud... Perdón; usted es todavía joven. Cuando menos, tiene tiempo para volver a comenzar, si es que ya olvidó cómo se repara un par de calzado.

Nos hacen falta buenos artesanos, que vuelvan a ser los de antes, que no trabajen solamente para obtener el dinero de los clientes, sino para poner en práctica las sagradas leyes del trabajo. Esas leyes que han quedado irremisiblemente burladas en mis zapatos.

Quisiera hablarle del artesano de mi pueblo, que remendó con dedicación y esmero mis zapatos infantiles. Pero esta carta no debe catequizar a usted con ejemplos.

Sólo quiero decirle una cosa: si usted, en vez de irritarse, siente que algo nace en su corazón y llega como un reproche hasta sus manos, venga a mi casa y recoja mis zapatos, intente en ellos una segunda operación, y todas las cosas quedarán en su sitio.

Yo le prometo que si mis pies logran entrar en los zapatos, le escribiré una hermosa carta de gratitud, presentándolo en ella como hombre cumplido y modelo de artesanos.

Soy sinceramente su servidor.

Fin

martes, 14 de diciembre de 2010

¿Desaparecerán los blogs de mis alumnos?

Al no tener la obligación de mantener vivos sus espacios informáticos (blogs, páginas web y grupos de discusión) los alumnos suelen olvidarlos por completo. Podremos comprobar el desinterés de ellos en estas TICs, luego de conocerlas y trabajar con ellas, al revisar la fecha de su última publicación en la sección de la derecha, llamada Blogs de mis alumnos.
 Muchas veces pensamos que lo que podemos comunicar no es interesante para los demás, además que el hecho de escribir nos enfrenta a nosotros mismos y nos da el temor de que al voltear hacia dentro no veamos nada
En los blogs que crearon los alumnos, hay unos que hablan de recetas de platillos tradicionales así como de recetas curativas basados en plantas, en donde la fuente de información son los familiares. Otros hablan de sus pueblos y las fiestas tradicionales e inclusive de los peligrosos fenómenos naturales que ocurrieron en el transcurso del semestre y que llegaron a suspender las clases en las escuelas de la región.
Algunos más hablan de temas que les llaman la atención, como el noviazgo, el deporte y la convivencia escolar.
¿Tendremos que esperar al siguiente curso de TICs para leer de nuevo a los estudiantes de la facultad?
Ya lo veremos.

martes, 30 de noviembre de 2010

Lo que pudiera haber sido una entrada de Blog

Hace unos días terminé de leer "El último juglar" Memorias de Juan José Arreola, escrito por Orso Arreola. De esa obra quiero compartir con ustedes un fragmento del diario de Juan José Arreola, es una parte de lo que escribió el día 12 de julio de 1941, a la edad de 22 años. Escribe acerca de Sara, una chica que conoció en Zapotlán, Jalisco:

 Ella es lo más parecido a una flor. Una flor clara y alta sobre su tallo. Su cabellera corona la gracia con que camina, el donaire de sus movimientos, el color de sus ojos, toda ella me hace percibirla como una flor. Su edad es la misma de las flores. Parece que no durará mucho tiempo. Luego me asombra verla igual al día siguiente, con su serena y radiante hermosura. ¿Por cuánto tiempo la he de ver alzar sobre mi mundo la flor intacta de su vida?
Espiga, lirio de blandos movimientos. Su cuerpo silencioso flota en el agua encantada de sus ojos.
Espiga, lirio, blando movimiento de tu paso. Agua encantada de tus ojos, gracia blonda de tus cabellos coronando tu esbeltez. ¿Por cuánto tiempo pasarás frente a mí, tal como yo te veo, más con el sueño que con los ojos, antes de que la realidad te destruya?.

Arreola poseía la magia de las palabras, tanto al escribir como al hablar. Recuerdo sus participaciones en la televisión, en el programa sabatino de Jorge Saldaña. 
Me pregunto si ya esa manera de expresarse que tenía Arreola se ha vuelto obsoleta y las jóvenes actuales no suspirarían ante un recado similar escrito por un admirador. ¿Lo tacharían de cursi y arrugando la hoja de papel la tirarían al bote de la basura?
¿Lo de ahora es escribir frases cortadas en el Facebook?

Para combatir el estrés o el 'burnout'

Noviembre 2000: Centro de Cómputo.
En la parte superior se encontraba el
aula de videoconferencias.
Foto-: Hermilo Gómez

Esta sería la hora para nuestro examen que, aprovechando las TICs, ustedes han hecho a distancia en el transcurso de la semana. Me encuentro revisando sus blogs que, hasta el momento, me han parecido interesantes y originales. Espero que algunos de ustedes se hayan entusiasmado con esta herramienta y no la abandonen. Para los alumnos que leen esta entrada, les aviso que coloqué, a manera de regalo sorpresa, un archivo llamado jigsaw-tics 1.zip , en la página web de nuestra Experiencia educativa . Se localiza en la parte inferior (archivos adjuntos) junto al archivo del crucigrama. Tendrán que hacer uso de su capacidad de auto-aprendizaje y exploración para manejar el programa, pero eso les tomará unos 5 minutos o menos.


lunes, 29 de noviembre de 2010

Mañana es la fecha del examen final, sin embargo...

Centro de cómputo, Centro de Idiomas y Biblioteca en nov 2000 -foto: Hermilo Gómez


Varios alumnos me han preguntado si es necesario asistir el día del examen. Aunque me agradaría que estuvieran, sé que muchos de ustedes viajan desde las poblaciones vecinas, causando gastos de transporte y otros más. En la entrada anterior en que les indiqué las actividades a cumplir como parte de la evaluación y que debían publicar entre el último día de clases y un día antes de nuestra fecha de examen. Por lo que para calificar solamente necesito ir revisando sus sitios en Internet y por lo tanto, no es necesario que se presenten a pasar lista. Estoy comenzando a revisar sus trabajos y espero publicar sus calificaciones en esta semana. Estén pendientes de la página web en donde aparece la lista de alumnos.